¿Qué es lo que hace bueno a un cómic?
Esta es la pregunta clave que todo fan a la historieta
se hace alguna vez. Es el interrogante que diría
que permite distinguirlo del mero lector. Esta pregunta
es la que en el fondo nos pone a todos nosotros en
el camino de sentarse a leer tantos kilos y kilos
de papel con muestras diversas de este lenguaje en
esta vida y a generar discusiones (que muchas veces
tienen un nivel en decibelios impresionante) entre
nosotros.
Nada mal para una pregunta sin respuesta.
Al menos una pregunta sin respuesta clara, unívoca
y evidente. Discutir sobre lo que hace a una historieta
mejor que otra es igual que toda crítica estética
de cualquier otro lenguaje (ya sea el cine, la literatura,
la pintura, etc.): algo fundado básicamente
en el gusto personal y en última instancia
así de arbitrario. Discutir buscando una valoración
común de las historietas es como discutir el
sexo de los ángeles: una tarea un poco vana
y bastante infructuosa.
Lo que no quiere decir que no sea entretenida. Ni
que no se pueda encontrar puntos en común,
fruto de elementos culturales y sociales que nos hacen
apreciar a algunas historietas más que a otras.
Y de eso se va a tratar esta columna aquí:
de ver estos elementos estéticos, de discutir
por qué (digamos) Milton Canniff es generalmente
considerado como un tipo que maneja mejor le lenguaje
de la historieta que (digamos) Rob Liefeld (espero
que sepan de quién estoy hablando. Sino, prometo
explicarles más adelante).
Desde ya aviso: tomen todo lo dicho aquí con
soda. Por más que las cosas suenen en tono
absolutista en las columnas, esto es básicamente
la opinión de quien esto escribe. No pretendo
tener la Verdad Sobre el Cómic, por más
que a veces suene como que así es. Ese tono
va a ser hecho a propósito para tratar de hacer
que la gente reaccione y responda (para eso vamos
a tener un hermoso foro de discusión. Nada
como hacer quilombo para pasar el rato). Pero, repito,
el criterio válido de última para leer
una historieta y decir que es buena es el del genitalismo
lírico. O sea, por que se me cantan las tarlipes.
El resto es una racionalización más
o menos seria.
Bueno, una vez aclarado esto volvamos a la pregunta
clave: ¿Qué es lo que hace bueno a un
cómic?
Esta fue una pregunta que me tuve que hacer cuando
escribía la sección de Cómics
del portal de Internet ya extinto El Foco (los que
se acuerden bien, los que no, mejor) y tuve que encarar
la cuestión de ponerle puntaje a las historietas
que me llegaban para reseñar. El criterio de
"porque me gusta" no necesariamente funcionaba,
porque había cosas que no me gustaban mucho
pero evidentemente estaban bien hechas y eran interesantes
y así. Por ejemplo, la saga del Incal de Moebius
y Jodorowsky, una historia con ideas originales, una
narración compleja pero clara, personajes intrigantes
y que me deja absolutamente frío. Mi cabeza
tiene re claro que es una historieta verdaderamente
original, pero no puedo evitar cada vez que la leo
(ya van tres veces creo que por una razón u
otra vuelvo a sumergirme en sus paginas) que sienta
que me acabo de tomar pastillas para el insomnio y
que me están haciendo efecto. ¿Es culpa
de la serie que me aburra? No, porque yo estoy en
la minoría me parece. ¿Es mala? No,
para nada. ¿La podía masacrar en público
solo porque no me gustar? NO, porque sería
injusto. ¿Pero desde dónde la defiendo?
Bueno, entonces tengo que llegar a un criterio menos
arbitrario que el gusto personal para juzgar a todo
lo que leyera.
Y esto me hizo pensar en la dichosa pregunta. Y la
mera conclusión a la que llegue fue NO SE PUEDE
MEDIR A CADA HISTORIETA CON LA MISMA VARA. Cada una
viene con un nivel de expectativa diferente inscrito
en su recepción. No se pueden considerar los
mismos criterios para una obra como el Incal como
para un número de los X Men. Tienen expectativas
diferentes: algunos querrán solo entretener,
otros pretenderán dar algo mas que mero entretenimiento
sino obligar a pensar o generar visiones del mundo
mucho más personales. Y no es justo criticar
con una misma vara a todos, porque desde su gestación
no todos usan las mismas varas.
Lo que sí me parece válido es criticar
en función de las varas a partir de las cuales
están hechas. Consciente o (lo más seguro)
inconscientemente, estos criterios están en
toda historieta y uno tiene que descubrirlos y analizarlos
a partir de allí. No sería justo calificar
al Incal (un trabajo que evidentemente está
queriendo decir con una metáfora bastante explícita
la forma de ver el mundo de los autores y además
resultar un trabajo de ciencia ficción bien
armado) con un número típico de una
revista de superhéroes o de manga (básicamente
productos de entretenimiento donde la visión
del mundo no es tan importante como el lograr un buen
rato de diversión por parte de lector).
¿Quiere decir que el Incal es mejor, digamos,
que Starman o Lone Wolf & Cub o algunas de las
revistas de la línea ABC de Alan Moore? No,
para nada. Porque todas estas obras cumplen al alcanzar
el nivel que se exigían con creces (al igual
que el Incal). De hecho, a mí me revienta más
los muchos "pseudo Incales" (o sea, las
series que tienen la pretensión de dar una
Visión Personal Del Mundo y La Vida y El Universo
y solo nos terminan dando gente que habla como diccionarios,
dibujos detallados pero vacíos y, eso sí,
minas en bolas) que esas historietas que no aportan
mucho más que un poco de melodrama, un poco
de acción y una resolución más
o menos trillada. Porque ellas no pretendían
mucho más (ni mucho menos: traten de escribir
una historieta de piñas entretenida y después
hablamos de lo "simple y formaulaico" que
pueden ser), mientras que las primeras querían
algo más.
Igual reconozco que sí hay un factor que para
mí es común a la hora de valorar una
historieta: el uso del lenguaje narrativo del cómic.
Así como quien escribe literatura tiene que
saber que hay una estructura como básica que
es que hay un sujeto, un verbo y un predicado, el
historietista tiene que saber que hay cosas básicas
en la historieta. Por ejemplo, que tiene que haber
una relación más o menos clara entre
las viñetas contiguas, para que el lector pueda
asociarlas. Que tiene que estar clara de alguna manera,
por ejemplo con un personaje o una acción o
un escenario. Para mi es una asociación mas
visual que narrativa. Si esa relación no es
en un primer vistazo lo suficientemente clara para
verla, algo falla.
Un buen sistema para ver si eso ocurre es agarrar
una historieta, pasar la mirada por las viñetas
sin leer los textos y luego tratar de hacerse una
idea de lo que pasa allí. Si no queda más
o menos claro lo que ocurre, algo falla seriamente
en esa historieta.
Y por eso Milton Canniff para mí es evidentemente
superior a Rob Liefeld.
Las viñetas de Caniff se desarrollan claras,
con personajes definidos, con fondos claros, y en
donde cada viñeta se concatena claramente con
la otra. Liefeld (al menos al Liefeld de sus años
gloriosos, digamos desde que dibujó los últimos
números de New Mutants hasta que relanzo al
Capitan América, con un pico álgido
en Youngblood) parece no tener idea que una viñeta
no es otra cosa que un póster chiquito donde
la gente se para de maneras bastante antinatural (y
hablamos de un género como el superheroico
donde la naturalidad de las figuras y las acciones
es algo realmente poco importante, pero el Liefeld
ya era demasiado). O, para toma otro ejemplo, todos
esos "artistas alternativos" (quisiera acordarme
de algún nombre pero se me escapan ahora) que
suponen que poner dos dibujos más o menos iguales
y adherirles un texto convierte a lo que hicieron
en una historieta. Cuando mucho puede ser un cuento
ilustrado che. No importa que les digan en el ICI
que es historieta: no chicos, no lo es. En eso son
iguales que Liefeld.
El saber usar las herramientas del lenguaje de la
historieta es indispensable. Es más, sin saber
eso nunca nadie podrá tener siquiera una vara
para la cual poder medir su valor como historietista.
Quien crea que se puede crear buenas historietas desconociendo
ese lenguaje, está absolutamente equivocado.
Porque podemos discutir el sexo de los ángeles,
pero hay algo en que todos coincidimos: los ángeles
tienen alitas.
Roberto Barreiro