Una de Savarese


Y vamos a empezar con Savarese, hijo de la magistral pluma de Robin Wood y el impresionante arte de Cacho Mandrafina. Savarese se publicó en la revista D'Artagnan desde fines de los '70 y hasta el año 1989.
Giovanni Savarse era el menor de los hermanos de una laboriosa y humilde familia de la campiña siciliana, hasta que todos sus familiares fueron masacrados por una familia rival. El joven Giovanni debió huir, sin un céntimo, hacia América, y se recluyó en lo de un paisano en el barrio italiano de New York. Allí conoció los sinsabores del inmigrante y de la pobreza, y también el ambiente de los barrios bajos, en el que aprendió a moverse con destreza.
Al poco tiempo, logra vengar a su familia y es tentado por la mafia, pero el joven Giovanni (ahora John), decide hacerse policía. Bajito, flaco y feo, Savarese arranca desde lo más bajo de la jerarquía policial, y soporta las burlas y la discriminación de superiores y compañeros. Sin embargo, a fuerza de honestidad y coraje, se va ganando el respeto de policías y malhechores. Con el tiempo, él y su compañero Mario recibirán una oferta del FBI para unirse a este organismo, y es aquí donde Savarese se transformará en una leyenda viviente: el agente más justiciero e implacable del FBI, quien ha participado en los casos más difíciles y resonantes de la fuerza.
Luego vendrían algunos pesares, como el frustrado y caótico romance con la blonda Anne Mette, la trágica muerte de su amigo Mario, el casamiento con Ingenborg, la desdicha, el alcohol y la muerte de su mujer, entre otros. Pero a todas estas tragedias sobrevivirá Savarese con nuevos afectos: su hija y el irlandés Falcon, su nuevo compañero. Por esas cosas de la vida, la historia quedó así, inconclusa, sin un final cerrado para este gran personaje.

EN LA LONA
El buen momento que les voy a contar es de la primera época de Savarese como policía uniformado. El protagonista es un joven y promisorio boxeador del barrio, quien había sido conminado por uno de los mafiosos de la zona a tirarse en la próxima pelea a cambio de una buena suma. Si desobedecía, lo mataban. Así de fácil. Savarese se entera y se ofrece a proteger al joven tras la pelea, para que no le pase nada. El muchacho se niega, puesto que John puede protegerlo durante esa noche, pero no durante todos los días venideros. El entrenador y padre del muchacho interviene, convencido de que no debe cejar ante el poder de los delincuentes ya que, si ceden ese día, tendrán que ceder siempre, y acepta el trato con Savarese.
El iracundo mafioso se entera del trato y decide enviar esa noche a una espectacular rubia para que seduzca y narcotice al feucho policía italiano. A la hora de la pelea, el joven Savarese se encuentra en casa de la señorita, totalmente entregado a los placeres de sus encantos.
Mientras tanto, en el ring, el joven boxeador italiano ha noqueado a su oponente. Y viendo la cara de odio del mafioso, teme ante la ausencia de John. Padre e hijo esperan hasta última hora para salir del estadio, pero finalmente son descubiertos y abordados por el mafioso y sus secuaces. Justo cuando están por matarlos aparece Savarese, quien llevaba rato ahí oculto, esperando una buena razón que justificara el arresto de los mafiosos. Ante la sorpresa de los delincuentes, John explica que él se mira todos los días al espejo y por eso sospechó cuando una mujer tan hermosa se enamoró intempestivamente de él. Los mafiosos intentan disparar, pero Savarese los caga a balazos. La policía interviene y los tres amigos se van a festejar por ahí. Final feliz, justicia y un toque de tristeza para el inolvidable Savarese.

Hernán Botticelli