Hola. Mi nombre es Marcos y estoy desesperado.
Mi mundo se derrumbó. Como el mercado del cómic...
como el país, bah. Debo reconocer que soy un
adicto, un enfermo si quieren. ¿Y cómo
estaría un alcohólico si se dejaran
de vender todas las bebidas con alcohol? ¿Cómo
estarían los cocainómanos si la DEA
se pusiera las pilas y se acabara la venta de cocaína
en todo el mundo? O un fanático de fútbol
si se prohibiera este deporte que mueve millones...
Desesperación, eso es lo que siento...
Hasta diciembre yo me hacía el que no pasaba
nada, esquivaba la recesión, no me hacía
cargo de la depresión que se apoderaba del
mercado, como si nunca se fuera a acabar, como si
Expocomic hubiese sido un éxito. Pero las señales
ya estaban ahí. Y de pronto, ZAS!, se derrumbó
todo. El hijo de puta de Cavallo cierra el corralito
y el dólar se va a la mierda. El inútil
de De la Rua huye perseguido por el enfurecido batir
de cacerolas y ya no hay marcha atrás. ¿Dónde
está la Justicia? ¿En qué país
estamos que las leyes se evaporan de un día
para el otro? No es serio. Si desde hace diez años
un peso valía un dólar, no pueden de
golpe liberarlo a la buena del Señor. O a la
mala del mercado. Cuando yo empecé a comprar
toneladas de cómics americanos, a mí
me respaldaba una ley que decía que si la Action
Comics valía en Estados Unidos dos dólares,
yo acá la pagaba dos pesos más un plus
para la comiquería por traérmela. Y
de pronto, no sólo me tengo que fijar qué
comiquería trae a menor precio, o quién
trae con mejor frecuencia, ahora tengo que descubrir
qué comiquería sigue trayendo americanas,
o lo que es peor, qué comiquería sigue
abierta.
Enero fue un mes caótico que anunció
el final de la década de vacas gordas con signos
apocalípticos. Nadie sabía cuánto
costaba un dólar, el papel, los fotocromos,
o la Ultimate X-Men que había encargado en
noviembre. Para colmo de males, pasan las tres primeras
semanas sin señales de la Comiqueando de Enero.
Algo terrible estaba pasando. Y los precios empiezan
a inflarse como Plastic Man después de un guiso
de porotos con Seven Up. "Cierra La Revistería",
"Oberto se radica en España", "Se
terminó de fundir el Club", "Accorsi
truló y larga todo", "Diamond congeló
todas las cuentas de clientes argentinos"; los
rumores me atacaban por todos lados como los Wildebeast
a los Titanes.
Mi habitual recorrida por las comiquerías en
busca de mi placebo para saciar mi vicio y esas caras
conocidas para comentar nuestra realidad, se convirtió
en un martirio, en una peregrinación por el
Muro de los Lamentos. Los dueños de las comiquerías
le rezaban a los dioses de todas las religiones, a
Miracleman, a Promethea y al Thor de Simonson.
En febrero el dólar seguía subiendo
y una Justice Society tocaba los ocho pesos. El segundo
librito del Dark Knight II de Miller no sólo
me resultó choto, sino que me costó
el triple que el primero. Las caras felices de encontrar
refugio en su ghetto comiqueril donde poder gritar
a los cuatro vientos lo grosso que era Warren Ellis,
o discutir sobre la influencia del manga en el video
del Gordo Casero o la formación de los X-Men,
ahora eran caras tristes, que miraban las vidrieras
desde afuera, con ojos resentidos, perdidos y desesperanzados,
que juran algún día volver, como Nippur
a su Lagash. -"It will be mine, oh yes, it will
be mine"- dice Wayne viendo la guitarra Stratocaster
blanca en la vidriera, y eso me parecía oír
mascullar a decenas de comiqueros en vías de
extinción, a la deriva por Corrientes, entre
furiosos, deprimidos y extasiados ante los nuevos
precios astronómicos alejándolos de
sus cómics.
Con dolor y casi resignación, durante enero
seguí pagando religiosamente a tapa por lo
que me pidas. No podía resignarme a abandonar
mis colecciones, mis universos, mis artistas, mis
personajes. Tuve que cortar algunas series que venía
siguiendo medio por inercia, series nuevas que todavía
no se habían puesto grossas, series a las que
les estaba dando oportunidad de mejorar... Todas cayeron
para poder seguir sustentando lo vital, lo imprescindible.
Pero el país se hundía como Atlantis
sin Arión y los precios se triplicaban como
carggitas. Las comiquerías que sobrevivían,
redujeron el pedido de americanas a menos que la cantidad
de suscriptores por título, sabiendo que la
gran mayoría del público debería
abandonar su amado pedido ante la malaria general.
Y a la vez, las pocas ventas imposibilitaba volver
a hacer un pedido a Diamond. "Se cortó
la cadena", como en el sistema bancario. Y uno
como poseso, leyendo las tiras de la contratapa del
Clarín, los chistes de Bazooka, cualquier cosa
que tuviese globitos. Es que ya entramos en una etapa
de abstinencia peligrosa. A La Revistería no
le llegan novedades y cuando lo hagan, estarán
a peseta por mil. Ni Ivrea que tan contento recibió
a Cavallo como Ministro de Economía saca nuevo
material. Algo de Vid, aunque sea...
¿Dónde está Muñónez
para piratear un cómic cuando se lo necesita?
Estoy verdaderamente deprimido. No sé, tal
vez porque ya me leí siete veces V for Vendetta,
me sé de memoria todos los diálogos
del Bicho Azul de las revistas de la Liga de Perfil,
ya me cansé de la misma mina de Manara noche
tras noche, quizás porque también tuve
que darle de baja al cable y me quedé sin Locomotion,
sin The Tick en Sony, o buffy en Fox, Smallville en
Warner, Voyager en Uniseries aunque sea... déjenme
algo!
Como ya no puedo pasarme horas charlando en las comiquerías
me deprime la deprimente depresión que
transmiten esas bateas semi vacías , siempre
con las mismas tapas de fecha de febrero, el sonido
de las máquinitas remarcadoras que taladran
el silencio de quien ya no tiene para hojear ni la
Wizard ni el Previews, las caras de aburrimiento de
quienes atienden- ya no tengo con quién
hablar de cómics... Volví a ir al psicoanalista
de la obra social y en la primera sesión le
dije: "-Mire, Alberto, necesito hablarle de muchas
cosas que me tienen mal. . Ras Al Ghul en el siglo
XXX, el atraso del crossover de la Liga y los Avengers,
Dragon en el mundo salvaje, la familia del Metabarón,
los finales alternativos de Evangelion... Pero, no
me mire así. ¿Ve ésta mochila?
Sí, sí, está cargada. Es para
usted. Quiero que lea historietas y así vengo
y charlamos. ¿Le parece? Mire, esto es Mort
Cinder, de Breccia y Oesterheld, le va a gustar. Y
otros clásicos: Watchmen, La Broma Asesina,
El Incal, Cosecha Verde y El Eternauta. En esta bolsita
le traje Akira y los primeros ocho tomitos de Dragon
Ball, después le traigo más, ¿qué
le parece?".
Desde un espejo de Desesperación, un adicto
comicnauta,
MARCOS VIÑETA
PD: Seguramente a ustedes les habrá pasado
algo parecido, y por eso están acá,
en esta página que es un pequeño oasis
en medio de la malaria, una lucecita de esperanza
al fondo de este siniestro túnel como
Leyendas, las páginas del glorioso Caballero
Rojo (la oficial y la no-oficial) y Galaxia Cómics-.
Les prometo que si ustedes me escriben contándome
cómo están sobrellevando la crisis (en
infinitas argentinas), cómo se pajean con los
avances de Spider-Man y Episodio 2, cuánto
tiempo navegan por las páginas de cómics
en la web y esas anécdotas dementes que nos
hacen del palo, para la próxima
vez que les escriba voy a estar con más ánimos
y les voy a contar cosas más interesantes y
divertidas del mundillo comiquero.
Un abrazo bien de hombre, como el de Ollie y Hal,
como Juan y Favalli. Hasta pronto. Que les sea leve.