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Fecha de publicación: 14.05.2002


Hola. Mi nombre es Marcos y estoy desesperado. Mi mundo se derrumbó. Como el mercado del cómic... como el país, bah. Debo reconocer que soy un adicto, un enfermo si quieren. ¿Y cómo estaría un alcohólico si se dejaran de vender todas las bebidas con alcohol? ¿Cómo estarían los cocainómanos si la DEA se pusiera las pilas y se acabara la venta de cocaína en todo el mundo? O un fanático de fútbol si se prohibiera este deporte que mueve millones... Desesperación, eso es lo que siento...
Hasta diciembre yo me hacía el que no pasaba nada, esquivaba la recesión, no me hacía cargo de la depresión que se apoderaba del mercado, como si nunca se fuera a acabar, como si Expocomic hubiese sido un éxito. Pero las señales ya estaban ahí. Y de pronto, ZAS!, se derrumbó todo. El hijo de puta de Cavallo cierra el corralito y el dólar se va a la mierda. El inútil de De la Rua huye perseguido por el enfurecido batir de cacerolas y ya no hay marcha atrás. ¿Dónde está la Justicia? ¿En qué país estamos que las leyes se evaporan de un día para el otro? No es serio. Si desde hace diez años un peso valía un dólar, no pueden de golpe liberarlo a la buena del Señor. O a la mala del mercado. Cuando yo empecé a comprar toneladas de cómics americanos, a mí me respaldaba una ley que decía que si la Action Comics valía en Estados Unidos dos dólares, yo acá la pagaba dos pesos más un plus para la comiquería por traérmela. Y de pronto, no sólo me tengo que fijar qué comiquería trae a menor precio, o quién trae con mejor frecuencia, ahora tengo que descubrir qué comiquería sigue trayendo americanas, o lo que es peor, qué comiquería sigue abierta.
Enero fue un mes caótico que anunció el final de la década de vacas gordas con signos apocalípticos. Nadie sabía cuánto costaba un dólar, el papel, los fotocromos, o la Ultimate X-Men que había encargado en noviembre. Para colmo de males, pasan las tres primeras semanas sin señales de la Comiqueando de Enero.
Algo terrible estaba pasando. Y los precios empiezan a inflarse como Plastic Man después de un guiso de porotos con Seven Up. "Cierra La Revistería", "Oberto se radica en España", "Se terminó de fundir el Club", "Accorsi truló y larga todo", "Diamond congeló todas las cuentas de clientes argentinos"; los rumores me atacaban por todos lados como los Wildebeast a los Titanes.
Mi habitual recorrida por las comiquerías en busca de mi placebo para saciar mi vicio y esas caras conocidas para comentar nuestra realidad, se convirtió en un martirio, en una peregrinación por el Muro de los Lamentos. Los dueños de las comiquerías le rezaban a los dioses de todas las religiones, a Miracleman, a Promethea y al Thor de Simonson.
En febrero el dólar seguía subiendo y una Justice Society tocaba los ocho pesos. El segundo librito del Dark Knight II de Miller no sólo me resultó choto, sino que me costó el triple que el primero. Las caras felices de encontrar refugio en su ghetto comiqueril donde poder gritar a los cuatro vientos lo grosso que era Warren Ellis, o discutir sobre la influencia del manga en el video del Gordo Casero o la formación de los X-Men, ahora eran caras tristes, que miraban las vidrieras desde afuera, con ojos resentidos, perdidos y desesperanzados, que juran algún día volver, como Nippur a su Lagash. -"It will be mine, oh yes, it will be mine"- dice Wayne viendo la guitarra Stratocaster blanca en la vidriera, y eso me parecía oír mascullar a decenas de comiqueros en vías de extinción, a la deriva por Corrientes, entre furiosos, deprimidos y extasiados ante los nuevos precios astronómicos alejándolos de sus cómics.
Con dolor y casi resignación, durante enero seguí pagando religiosamente a tapa por lo que me pidas. No podía resignarme a abandonar mis colecciones, mis universos, mis artistas, mis personajes. Tuve que cortar algunas series que venía siguiendo medio por inercia, series nuevas que todavía no se habían puesto grossas, series a las que les estaba dando oportunidad de mejorar... Todas cayeron para poder seguir sustentando lo vital, lo imprescindible. Pero el país se hundía como Atlantis sin Arión y los precios se triplicaban como carggitas. Las comiquerías que sobrevivían, redujeron el pedido de americanas a menos que la cantidad de suscriptores por título, sabiendo que la gran mayoría del público debería abandonar su amado pedido ante la malaria general. Y a la vez, las pocas ventas imposibilitaba volver a hacer un pedido a Diamond. "Se cortó la cadena", como en el sistema bancario. Y uno como poseso, leyendo las tiras de la contratapa del Clarín, los chistes de Bazooka, cualquier cosa que tuviese globitos. Es que ya entramos en una etapa de abstinencia peligrosa. A La Revistería no le llegan novedades y cuando lo hagan, estarán a peseta por mil. Ni Ivrea que tan contento recibió a Cavallo como Ministro de Economía saca nuevo material. Algo de Vid, aunque sea...
¿Dónde está Muñónez para piratear un cómic cuando se lo necesita?
Estoy verdaderamente deprimido. No sé, tal vez porque ya me leí siete veces V for Vendetta, me sé de memoria todos los diálogos del Bicho Azul de las revistas de la Liga de Perfil, ya me cansé de la misma mina de Manara noche tras noche, quizás porque también tuve que darle de baja al cable y me quedé sin Locomotion, sin The Tick en Sony, o buffy en Fox, Smallville en Warner, Voyager en Uniseries aunque sea... déjenme algo!
Como ya no puedo pasarme horas charlando en las comiquerías –me deprime la deprimente depresión que transmiten esas bateas semi vacías , siempre con las mismas tapas de fecha de febrero, el sonido de las máquinitas remarcadoras que taladran el silencio de quien ya no tiene para hojear ni la Wizard ni el Previews, las caras de aburrimiento de quienes ‘atienden’- ya no tengo con quién hablar de cómics... Volví a ir al psicoanalista de la obra social y en la primera sesión le dije: "-Mire, Alberto, necesito hablarle de muchas cosas que me tienen mal. . Ras Al Ghul en el siglo XXX, el atraso del crossover de la Liga y los Avengers, Dragon en el mundo salvaje, la familia del Metabarón, los finales alternativos de Evangelion... Pero, no me mire así. ¿Ve ésta mochila? Sí, sí, está cargada. Es para usted. Quiero que lea historietas y así vengo y charlamos. ¿Le parece? Mire, esto es Mort Cinder, de Breccia y Oesterheld, le va a gustar. Y otros clásicos: Watchmen, La Broma Asesina, El Incal, Cosecha Verde y El Eternauta. En esta bolsita le traje Akira y los primeros ocho tomitos de Dragon Ball, después le traigo más, ¿qué le parece?".
Desde un espejo de Desesperación, un adicto comicnauta,

MARCOS VIÑETA

PD: Seguramente a ustedes les habrá pasado algo parecido, y por eso están acá, en esta página que es un pequeño oasis en medio de la malaria, una lucecita de esperanza al fondo de este siniestro túnel –como Leyendas, las páginas del glorioso Caballero Rojo (la oficial y la no-oficial) y Galaxia Cómics-. Les prometo que si ustedes me escriben contándome cómo están sobrellevando la crisis (en infinitas argentinas), cómo se pajean con los avances de Spider-Man y Episodio 2, cuánto tiempo navegan por las páginas de cómics en la web y esas anécdotas dementes que nos hacen ‘del palo’, para la próxima vez que les escriba voy a estar con más ánimos y les voy a contar cosas más interesantes y divertidas del mundillo comiquero.
Un abrazo bien de hombre, como el de Ollie y Hal, como Juan y Favalli. Hasta pronto. Que les sea leve.