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Última actualización: 15.07.2002


¿Qué tal? ¿cómo andan?. Yo enojado. Qué se la va a hacer... en un país donde un delincuente mafioso que afanó un país durante una década es el candidato con más chances para volver al poder, no queda otra que estar enojado. Otra que Latveria. Doctor Doom por lo menos va de frente.

Como si esto fuera poco, traté de despejarme yendo al cine y, para cubrir mi dosis de cómics, decidí ir a ver Episodio 2. Tuve diferentes reacciones, les cuento.
Primero descubrí que en lugar de cientos de nerdos comiqueros y fanas de la ciencia-ficción, la sala estaba plagada de quinceañeras babosas y sus apáticos noviecitos rolingas. Después noté el sector PAMI. ¿Qué hacen acá viejas que en su puta vida leyeron un libro de Asimov y que todavía no entendieron Volver al Futuro? El sector ejecutivo mostraba adultos bien vestidos comiendo pochoclo y tratando de analizar el presupuesto de la película como si fuese una operación bursátil. "Mmmm, ¿cuánto cotizará un sable láser en Tatooine?".
Cuando la película empezó a derramar esa emoción a la que Lucas nos tiene acostumbrado, a jugar con un universo fabuloso que nosotros nos sabemos al dedillo, y a desplegar a los personajes como piezas de una gran saga, yo tuve que contener mi cebamiento, mis vítores y el "Aguante Yoda!", ante la mirada represora de los aburridos e incrédulos espectadores. Anakin pierde la mano, Padme vestida con esa onda ‘Leia esclava’ súper hot, Bobba en el Slaver, los guiños eran grosísimos, pero los comentarios de la gilada no hacían más que molestar. El típico "Andá... mirá si...", o el "mmmmm"- mordiéndose el labio inferior, en clara alusión a ‘qué gilada’, la carcajada mal, en el momento de tensión, todo atentaba contra la nueva Star Wars.
A la salida, yo no podía con mi alma. Estaba que estallaba de energía. Y esas viejas boludas que escucharon el informe de Catalina Dlugui, las pendejas salames y sus novios granulientos, los ejecutivos que miran E! y los que se creen que Episodio Uno es lo más y nunca vieron la primera trilogía, comenzaron a opinar en contra de La Guerra de los Clones. ¿Estamos todos locos? Ahí me saqué la campera (a pesar de la sensación térmica bajo cero) y agarrado a mi remera de Darth Vader, me uní con la Fuerza y a todo pulmón empecé a cantar: "Pan y vino, pan y vino, pan y vino, pan y vino, al que no le gusta Star Wars para qué carajo vino!" Empecé, sólo, pero no me importó. Me miraban como si fuese un mal efecto de computadora superpuesto a la realidad. En eso, desde la otra punta, un flaquito con anteojos y pelo largo, saltó a un escalón y se unió a mi canto, mientras revoleaba un sable láser que hasta ese momento había mantenido oculto vaya uno a saber dónde. De pronto una gorda que había estado en la primera fila, empezó a saltar en el lugar, a cantar y se subió el sweater a la altura de la panza para dejar ver una ensanchada imagen de A New Hope, con espacio de sobra para todos los personajes del universo Star Wars. Yo pensé que éramos más, pero nadie más saltó. Miré las caras de los personajes que coreaban conmigo, y de pronto me callé, me agaché y me escabullí entre la gente, que seguía puteando y no habían terminado de entender qué mierda eran los clones, por qué no se dan cuenta de que Palpatine es el malo y esas menudencias. Todavía emocionado, llegué a mi bati-cueva y me puse a pensar: muchos critican a las actuaciones, pero nunca olvidemos que cuando empezó todo esto, Lucas metió a un montón de actores mediocres, novatos, baratos y drogones, exceptuando a Obi Wan Guiness y el Gran Morf Cushin, viejos ingleses en las diez de última que laburaron por el pancho y la Coca. Pero no jodamos, Mark Skywalker Hammil era un pésimo actor, inexperto y medio maraca, que fue mejorando a medida que se iba desfigurando. Las Star Wars no son películas de actores, son capítulos de un universo, son la obra de un director y sus creativos que tratan de contar una historia, sin hacer hincapié en grandes actuaciones. Ewan McGregor, Christopher Lee y Samuel Jackson son actores grosos, pero no hace falta que demuestren nada. Sigan el guión, que la aventura pase al frente y que la Fuerza te acompañe. Si querés ver grandes actores, mirá Mi pie izquierdo, no sé, una de esas dramáticas que transcurre en la era victoriana con Emma Thompson donde todos lloran. Star Wars es acción, es cebamiento, es magia, es divertimento en un universo de fantasía. No le pidas Shakespeare. Y si no te gusta la ciencia ficción, los alienígenas y "todas esas boludeces", NO VAYAS A VER EPISODIO DOS.
Y ahí viene mi segunda gran cavilación de la noche: ¿por qué mierda va al cine la gente a ver películas que de antemano ya sabe que no es el tipo de películas que le gusta? La respuesta es simple. O bien bombardeada por la publicidad no puede resistirse, o simplemente le atrae demasiado cierta estrellita hollywoodense, todo ese glamour, esa fanfarria y el derroche millonario en efectos especiales. Pobres motivos, pero a veces nosotros también caemos. Y la industria del cine lo sabe. Y se aprovecha de eso. Explíquenme sino, a Ben Affleck de Daredevil, o a Matt Damon de Superman. Esa es la política que arruinó las últimas películas de Batman. Meter actores muy taquilleros en un desfile veloz de personajes ridículos sin motivaciones ni fundamentos, más que el decir "uh, está Schwarzenneger, qué groso", y así. De esa tendencia macabra surgió el inaudito rumor de Nicholas Cage cómo Superman y es víctima la peli de los X-Men (ojo, Piccard de Xavier es un hallazgo tal cual como lo seleccionó Wizard en sus castings).
Hoy día, tras el éxito arrollador en taquilla de la película de los mutantes, Spider-Man y Smallville en Warner Channel, los súper héroes vuelven a mostrar su potencial a Hollywood, y ésta terrible trituradora de ideas no va a dejar pasar por alto la posibilidad de tranvestir a los buenos cómics en máquinas de dar billetes, plagadas de caras bonitas que convoquen a la gilada a los cines, para que en medio de la película digan: "Andá. Qué va a volar ese..."
Eso es todo por hoy, ya me saqué un poco la bronca. Mi Doctor Samson me aconseja no guardarme todas estas frustraciones. También me aconsejó no ver From Hell en video porque dice que el cómic está mucho mejor. No sé cómo pero él ya empezó a comprar y a leer cosas que yo no tengo ni consigo...
Me despido, los espero en la próxima, y como decía el viejo Nitro: "Vení que la vamos a pasar bomba". Chau, que la Fuerza te acompañe...

Marcos Viñeta