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Última actualización: 19.08.2002


Hola, muchachada, ¿cómo anda eso? ¿Jodido como frenar el virus del legado? Ah, qué ignominiosa situación nos toca vivir... ¿Por qué acá sólo hay villanos con malévolos planes y nunca superhéroes? Qué injusto es el mundo real... y después nos preguntan por qué nos evadimos a la fantasía...
Pero bueno, hablando de esos que preguntan y cuestionan nuestros modus operandi, quiero contarles algo que surgió en mis sesiones de terapia con el Doc Samson. Es un tema delicado, íntimo les diría, pero ahora que ya estamos más en confianza, me animo a contárselos.
Las minas.
Qué jodido es para un comiquero cebiche el tema de las mujeres. Porque no nos engañemos, es muy difícil separar la imagen del pendejo boludo (o del nerd perdido) con la del lector de historietas. Vos podés leer sólo Vertigo, Adolph, Acme Novelity Library, o lo más dark y adulto que se te ocurra, pero si le decís a una mina que lees cómics te mira con cierto asquito, como si fueras un subnormal inmaduro...
Entonces, yo le contaba a mi psicólogo cómo hacía yo para ser comiquero y salir con mujeres sin que ellas huyeran horrorizadas o se me cagaran de risa en la cara.
Les miento. Así de simple. En realidad nunca les digo que soy comiquero, ni que leo historietas, ni que me mato con el Cartoon y Locomotion y todo eso que nos define como perdidos viciosos de estos universos de globitos y personajes. Ni mú. Hola, me llamo Marcos, si, no, no tengo hobbies. Punto. Qué le voy andar explicando que Bone es una masa, que hay cómics prohibidos para chicos, y que Gaiman ganó premios internacionales en todo el mundo. No way. No te voy a dar la posibilidad de que tengas con qué cargarme. Y así fui tirando, ocultando cosas... nadie te va a venir a preguntar "¿vos lees cómics?"
El problema, Doc-, le cuento,- fue cuando me enamoré en serio. Estaba bárbara. Fue un flechazo instantáneo, como si Starfox nos hubiese tirado un rayo, como si Circe nos hubiera hechizado. Y encima, se llamaba Celina. Para qué. Yo me la imaginaba vestida de Gatúbela y flipeaba. Pero por supuesto, no podía decirle "Uhu, te llamás como Gatúbela" porque me deschababa como el más baboso de los nerds de este lado de la Tierra Prima. Entonces la seguí callado. "¿Adónde vas?" decía ella, "A la cancha con unos amigos" le decía yo. Mentira. Iba a jugar un rol de aquellos. "¿Qué hiciste hoy?" "Nada, saqué a pasear al perro..." "¿Cómo se llama tu perro?" repreguntaba, "Lepra, porque es de Newells, viste..." Mentira, estuve grabando X-Files y la maratón de Scooby Doo. "¿Salimos hoy?" "No puedo, me voy a jugar al póker con los compañeros del laburo..." Mentira, voy a ver el preestreno de la última de Disney. "¿Por qué nunca salimos con tus amigos y sus novias?" "Porque tienen mucho laburo, la facu, todo eso..." Patrañas. Mis amigos son unos comiqueros inadaptados que las únicas mujeres que los motivan o son de papel o visten el uniforme de la Federación. Todo así, siempre mintiendo, se da cuenta, Doc... Y no podía usar mis remeras preferidas porque todas tienen personajes... y cada vez que venía a casa tenía que ocultar las revistas debajo de la cama, despegar mis pósters y esconder los muñequitos. Llegué a borrar los archivos temporales de Internet para que no pudiese ver a qué páginas había ido. Ni en un infierno pergeñado por el propio Mefisto mi alma sería tan torturada. Era mentirle a la mujer que amaba todo el tiempo. Era vivir una doble vida. Sentía que tenía una personalidad secreta... Pero si ella era Celina, yo tenía que ser Bruce, no un maldito embustero temeroso de ser descubierto in fraganti acomodando la carpeta de Magic. Yo quería compartir más con ella, pero ese terror a ser desenmascarado me preocupaba más que al Doctor Doom.
Hasta que un fatídico día, me dice: "Che, Marcos, ¿qué te parece si vamos a esa exposición de historietas en la Rural?". A la mierda, pensé yo. Mi novia quiere ir a Fantabaires. O está loca o sabe que soy comiquero. Me empecé a clavar puñales pensando cómo se podía haber enterado, cuándo se me había escapado algo... ¿cuándo pedí la cajita feliz en Burger con los Autos Locos? ¿cuándo me vio el calzoncillo de South Park? Parecía Spawn, atormentándome a mí mismo con interrogantes infinitos e irresolubles. Entonces la miré y le dije: "¿Historietas? ¿Te parece?". "Sí, -dice,- una amiga mía fue ayer y dice que está bueno". Por un lado sufría pensando que la amiga me podía haber visto con mi remera de Wolverine tirado sobre los mostradores revolviendo cajas de ofertas o gritando emocionado ante el quincho del Capitán Kirk, por el otro, tenía la remota chance de que todo fuera un mal sueño. Cuando llegamos a la puerta, y supe que todo iba a salir mal la miré a los ojos y le dije: "Celina... te llamás igual que Gatúbela". Y ahí le largué todo. TODO. Se horrorizó, se rió, comprendió, me puteó, me perdonó, se enojó. "Ves que el prejuicio es lógico. Sos un comiquero y actuás como un pendejo". Me dejó en la puerta y se metió en la convención sin que la pudiesen parar los ursos de la puerta. Yo me fui al fondo de la cola, cerca del zoológico. Cuando horas después me la crucé adentro, estaba en la charla de Comiqueando, cagándose de risa, sentada al lado de un chabón con pinta de nerd y una gorrita de los Thundercats.
No la vi más... por un año... En el Fantabaires siguiente la volví a ver... del brazo del mismo nerd, ahora con una remera de Astroboy... Ella estaba disfrazada de Gatúbela...
Qué injusta es la vida, Doc...
Su única reflexión fue: "Mantenete lejos de las Luisas", y me la dejó ahí, picando.
Y ese es otro capítulo en la dura vida de un comiquero perdido, que ya se cansó de hojear las Druuna, las Valentina, los libros de Manara, de Altuna, las de la Legión de Mike Grell, El Instituto y hasta los tomitos de Sailor Moon... Ustedes ya saben...
Nos vemos...

Marcos Viñeta