|
Hola, muchachada, ¿cómo anda eso?
¿Jodido como frenar el virus del legado?
Ah, qué ignominiosa situación nos
toca vivir... ¿Por qué acá
sólo hay villanos con malévolos
planes y nunca superhéroes? Qué
injusto es el mundo real... y después nos
preguntan por qué nos evadimos a la fantasía...
Pero bueno, hablando de esos que preguntan y cuestionan
nuestros modus operandi, quiero contarles algo
que surgió en mis sesiones de terapia con
el Doc Samson. Es un tema delicado, íntimo
les diría, pero ahora que ya estamos más
en confianza, me animo a contárselos.
Las minas.
Qué jodido es para un comiquero cebiche
el tema de las mujeres. Porque no nos engañemos,
es muy difícil separar la imagen del pendejo
boludo (o del nerd perdido) con la del lector
de historietas. Vos podés leer sólo
Vertigo, Adolph, Acme Novelity
Library, o lo más dark y adulto que
se te ocurra, pero si le decís a una mina
que lees cómics te mira con cierto asquito,
como si fueras un subnormal inmaduro...
Entonces, yo le contaba a mi psicólogo
cómo hacía yo para ser comiquero
y salir con mujeres sin que ellas huyeran horrorizadas
o se me cagaran de risa en la cara.
Les miento. Así de simple. En realidad
nunca les digo que soy comiquero, ni que leo historietas,
ni que me mato con el Cartoon y Locomotion
y todo eso que nos define como perdidos viciosos
de estos universos de globitos y personajes. Ni
mú. Hola, me llamo Marcos, si, no, no tengo
hobbies. Punto. Qué le voy andar explicando
que Bone es una masa, que hay cómics
prohibidos para chicos, y que Gaiman ganó
premios internacionales en todo el mundo. No way.
No te voy a dar la posibilidad de que tengas con
qué cargarme. Y así fui tirando,
ocultando cosas... nadie te va a venir a preguntar
"¿vos lees cómics?"
El problema, Doc-, le cuento,- fue cuando me enamoré
en serio. Estaba bárbara. Fue un flechazo
instantáneo, como si Starfox nos
hubiese tirado un rayo, como si Circe nos
hubiera hechizado. Y encima, se llamaba Celina.
Para qué. Yo me la imaginaba vestida de
Gatúbela y flipeaba. Pero por supuesto,
no podía decirle "Uhu, te llamás
como Gatúbela" porque me deschababa
como el más baboso de los nerds de este
lado de la Tierra Prima. Entonces la seguí
callado. "¿Adónde vas?"
decía ella, "A la cancha con unos
amigos" le decía yo. Mentira. Iba
a jugar un rol de aquellos. "¿Qué
hiciste hoy?" "Nada, saqué a
pasear al perro..." "¿Cómo
se llama tu perro?" repreguntaba, "Lepra,
porque es de Newells, viste..." Mentira,
estuve grabando X-Files y la maratón
de Scooby Doo. "¿Salimos hoy?"
"No puedo, me voy a jugar al póker
con los compañeros del laburo..."
Mentira, voy a ver el preestreno de la última
de Disney. "¿Por qué
nunca salimos con tus amigos y sus novias?"
"Porque tienen mucho laburo, la facu, todo
eso..." Patrañas. Mis amigos son unos
comiqueros inadaptados que las únicas mujeres
que los motivan o son de papel o visten el uniforme
de la Federación. Todo así,
siempre mintiendo, se da cuenta, Doc... Y no podía
usar mis remeras preferidas porque todas tienen
personajes... y cada vez que venía a casa
tenía que ocultar las revistas debajo de
la cama, despegar mis pósters y esconder
los muñequitos. Llegué a borrar
los archivos temporales de Internet para que no
pudiese ver a qué páginas había
ido. Ni en un infierno pergeñado por el
propio Mefisto mi alma sería tan
torturada. Era mentirle a la mujer que amaba todo
el tiempo. Era vivir una doble vida. Sentía
que tenía una personalidad secreta... Pero
si ella era Celina, yo tenía que
ser Bruce, no un maldito embustero temeroso
de ser descubierto in fraganti acomodando la carpeta
de Magic. Yo quería compartir más
con ella, pero ese terror a ser desenmascarado
me preocupaba más que al Doctor Doom.
Hasta que un fatídico día, me dice:
"Che, Marcos, ¿qué te parece
si vamos a esa exposición de historietas
en la Rural?". A la mierda, pensé
yo. Mi novia quiere ir a Fantabaires. O
está loca o sabe que soy comiquero. Me
empecé a clavar puñales pensando
cómo se podía haber enterado, cuándo
se me había escapado algo... ¿cuándo
pedí la cajita feliz en Burger con
los Autos Locos? ¿cuándo
me vio el calzoncillo de South Park? Parecía
Spawn, atormentándome a mí
mismo con interrogantes infinitos e irresolubles.
Entonces la miré y le dije: "¿Historietas?
¿Te parece?". "Sí, -dice,-
una amiga mía fue ayer y dice que está
bueno". Por un lado sufría pensando
que la amiga me podía haber visto con mi
remera de Wolverine tirado sobre
los mostradores revolviendo cajas de ofertas o
gritando emocionado ante el quincho del Capitán
Kirk, por el otro, tenía la remota
chance de que todo fuera un mal sueño.
Cuando llegamos a la puerta, y supe que todo iba
a salir mal la miré a los ojos y le dije:
"Celina... te llamás igual
que Gatúbela". Y ahí
le largué todo. TODO. Se horrorizó,
se rió, comprendió, me puteó,
me perdonó, se enojó. "Ves
que el prejuicio es lógico. Sos un comiquero
y actuás como un pendejo". Me dejó
en la puerta y se metió en la convención
sin que la pudiesen parar los ursos de la puerta.
Yo me fui al fondo de la cola, cerca del zoológico.
Cuando horas después me la crucé
adentro, estaba en la charla de Comiqueando,
cagándose de risa, sentada al lado de un
chabón con pinta de nerd y una gorrita
de los Thundercats.
No la vi más... por un año... En
el Fantabaires siguiente la volví
a ver... del brazo del mismo nerd, ahora con una
remera de Astroboy... Ella estaba disfrazada
de Gatúbela...
Qué injusta es la vida, Doc...
Su única reflexión fue: "Mantenete
lejos de las Luisas", y me la dejó
ahí, picando.
Y ese es otro capítulo en la dura vida
de un comiquero perdido, que ya se cansó
de hojear las Druuna, las Valentina,
los libros de Manara, de Altuna,
las de la Legión de Mike Grell,
El Instituto y hasta los tomitos de Sailor
Moon... Ustedes ya saben...
Nos vemos...
Marcos Viñeta
|