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Última actualización: 09.11.2003


Hola. Yo no soy Marcos Viñeta. Me llaman el Dr. Samson y nuevamente me atrevo a ocupar el espacio de mi ex-paciente para ponerme en contacto con este sub-mundo de los fanáticos de las historietas y tenerlos al tanto de las pocas noticias que tengo de este muchacho.
De todo tengo poco, parece. Pocos mails llegaron a mi casilla pidiendo consejos, o contando problemas al consultorio electrónico que inicié el mes pasado. Debo comprender que el ver sus dramas internos publicados en un página web, no es el sueño de ningún paciente, pero pensé que se coparían un poco más. Los muchachos del foro no dejan de cascotearme como si yo hubiese raptado a Marcos para quedarme con este espacio, y nada más alejado de mi. "Que vuelva Marcos, que vuelva Marcos", lloran los salames como si fuese tan fácil, como si el WebMaster y yo estuviésemos boludeando al respecto. Esto es serio. "Que vuelva Marcos, que vuelva ya" pueden cantar con esa tonadita preelectoral que me eriza los pelos de la nuca, de sólo pensar lo cerca que estuvimos de caer de nuevo en aquellas garras...
Pero volviendo al tema "problemas psicológicos de los comiqueros", creo que después de un año de tratar a Marcos, de enterarme de sus actividades y las de sus amigos, de haber recorrido –y escuchado conversaciones en- comiquerías, creo que estoy en condiciones de hacer un TOP FIVE de los problemas más recurrentes en el mundillo de los comiqueros.

5)
Empecemos por una paranoia –absolutamente justificada- producto de una doble discriminación. Por un lado, sus iguales (compañeros, parientes, etc.) los marginan, los burlan y a veces hasta los aíslan, por infantiles. La asociación de historieta-boludez infantil es muy fuerte, y es muy difícil de sacudirse. Muchísimos comiqueros, sometidos a las presiones de su ambientes suelen vender todas sus preciadas revistas en cuanto entran en la edad del combate de los sexos. Es decir, lo que veíamos en un mail del mes pasado, al comiquero le presentan la falsa opción de a) leer revistitas para nenes o bien b) levantarte minas. La cantidad de proto-comiqueros que se pierden en esta etapa resulta un número alarmante. Si se pudiese de alguna manera evitar esta disyuntiva errónea, el número de adultos amantes de la historieta sería exponencialmente mayor. La otra cara de la discriminación es más sutil pero más poderosa: el cómic NO es un arte, le espetan en la cara al historietómano los fanáticos de las otras artes. Una vez pasado el trauma adolescente, el propio Arte, disfrazado de Cultura, ataca al cómic, segregándolo, rebajándolo. Se puede ser fanático de la opera y está todo bien, se puede ser fanático del cine iraní y sos re-culto, podés ser fanático de Charles Bukowski y sos un intelectual del carajo, pero lees Bone o Mort Cinder y sus un bastardo del dibujo y la literatura, que compra revistitas en el kiosco. Una supuesta falta de profundidad, esa imagen de simplicidad "porque es para chicos", los colores, un montón de factores inciden para que las Grandes Artes ataquen al Cómic y así releguen a los comiqueros a un plano de "coleccionistas", "enfermitos", "hobbistas", etcétera, lejos del "puesto" de "conocedor de un Arte". Y que me disculpen los artistas con mayúsculas, pero entre un adefesio de Marta Minujín y Sandman: Estación de Nieblas, no dudo ni un segundo cuál de los dos representa mejor el concepto de Cultura y Arte. Pero es así, al comiquero se la mandan a guardar. El Cómic es un arte menor, sentenciaron los críticos, los medios y "las personas cultas". Entonces, retomo el principio de esta idea, esa doble discriminación, hace que el comiquero se vea cercado, incomprendido, rechazado. Su fanatismo está mal. Es aceptable matar por la camiseta de Boca, pero está MAL leer Savage Dragon en el colectivo. La sociedad genera un modelo del comiquero nerdo infantil, y para zafar de ese molde, los comiqueros deben andar casi escondidos, "ocultando su vicio". Esto le genera una paranoia, un qué dirán, una alienación, que genera en el comiquero ese doble juego de querer ser aceptado por la sociedad, para poder dejar salir sus gustos artísticos, pero no quiere ser reprendido por ella, por sus "pecados" de arte infantil y bastardo. Ahí vienen los ocultamientos, como Marcos con sus novias, la negación, como ese que dice abandonar los cómics y no puede dejar de parar en cada kiosco a pispear las esquina de las historietas, aunque sea un tomito de Columba de hace ocho años perdido y arruinado. Se quiebra su relacionarse con el mundo; ya no puede ser él abiertamente. O es "el boludito que lee cómics" o es "no, esta revista no es para mí, es para mi hermanito".

4) Otro problema del comiquero promedio, se da por ese miedo a la sociedad represora. Como solución, el comiquero se encierra y se atrinchera. Clava su bandera en su territorio y se planta: "AGUANTELCOMIC NOMEIMPORTANADALOQUEPIENSEN YOSIGOAFULL." Y ahí, el tipo abandona todo lo que le pueda sacudir su mundo comiqueril. Ante cualquier ataque exterior, levanta más y más sus muros defensivos, cercándose dentro de este arte y sus cercanías. Se niega a nuevas cosas- a veces, inclusive dentro del cómic, no se anima a pasar de los superhéroes al cómic adulto, o del manga al cómic europeo, por ejemplo- por temor a que esos ataques del exterior sean también plausibles desde fuera de su "rancho", de su zona de conocimiento. "No me vengan con cosas raras. Yo soy comiquero" y el tipo se plantó. Si la sociedad me aliena, a la mierda la sociedad. Ahí el paciente está perdido. Su único alimento es el cómic y sólo puede hablar de eso (también vimos este caso en un mail de la columna del mes pasado).

3)
El comiquero tiene una gran necesidad de compartir información, de integrarse a algo, de team-upear, se podría decir. Aislado de la sociedad que lo rechaza, pero sabiéndose poseedor de conocimientos artísticos superiores, la necesidad de comunicación es enorme. Sólo con otro comiquero, estos personajes se sienten cómodos, libres de hablar de la boludeces más grandes como si fuesen las claves del universo. Pueden desarrollar teorías, desenmascarar conspiraciones de esos mundos de papel, aventurar sucesos y cualquier cosa de este Arte. Pueden pasarse horas discutiendo sobre la habilidad de ciertos artistas, de combinaciones entre artistas, entre artistas y personajes, entre artistas y una variada gama de posibles subtemas, inagotables como el género mismo. El comiquero suele hacer amistad rápidamente con su par, por esta necesidad de hablar de igual a igual, sabiendo que el otro no está pensando "mirá las boludeces que está diciendo", sino todo lo contrario. Si la sociedad cultural lo aísla, una reunión de comiqueros es la perfección. Ahí está contenido y a la vez a sus anchas. Para un comiquero es fundamental tener amigos comiqueros con los cuales hablar de los temas que no puede hablar con nadie más, ellos se convierten en su válvula de escape, para sacar esa presión acumulada, de toneladas de represión que se debe tragar para no expresar ante cualquiera "Viste qué groso el crossover de la Liga y la Society?". Al no tener esta vía de escape, algunos van a charlar con cualquiera a las comiquerías, otros al instituto neuropsiquiátrico de su zona.

2)
A la vez que necesita un entorno de pares, necesita una victoria, alguna vez. Ante la constante derrota que significa el estar aplastado por la sociedad, el verse comparado con primitos de seis años, o el soportar el viejo chiste de que Batman y Robin son gays, el comiquero tiene la necesidad de alguna vez ganar en algo. Una vez aceptado por su grupo de contención, el personaje debe competir. Quién tiene más cómics, quién sabe más de tal autor, lo que sea. Es una necesidad inherente al comiquero el medirse la pija con el otro. Y mucho más si tienen pretensiones de artistas, en donde el ego es generalmente, como dijo Marcos, mayor que el talento. Competir, tratar de ganar como los personajes de una historieta, redimirse de ser un eterno looser. El comiquero sabe de lo que habla y lo tratará de demostrar siempre. Por eso, tal vez ese rencorcito hacia Marcos, porque él desde el llano llegó a un lugar de privilegio entre los comiqueros. Para algunos, él compitió y ganó, por eso ese espaldarazo de no hacerse cargo de que existe, esa frialdad con la que respondían a sus consignas, a sus historias, a sus ocurrencias, o a sus delirios. Marcos sabe algo que muchos no y algunos de estos comiqueros no se lo bancan. El comiquero es competitivo por naturaleza, pero solo entre sus pares, y es –como su necesidad de protegerse o de comunicarse con su especie- algo que lo aleja de la sociedad, porque en esa competencia, él ya le ganó a todo el resto. "Esos giles no saben que Jean Grey va a volver como Fénix y yo sí".

1)
Y como si todos estos problemas fueran poco, el más importante es que ese quiebre con la sociedad, esa indispensable participación en charlas de mundos y seres imaginarios como si fuesen la más absoluta verdad y de la importancia más vital, ese atrincheramiento en su mundo y su saber, generan en el comiquero una sensación de desligue con la realidad, potenciada por una satisfacción propiciada por la fantasía contra un desprecio que sienten desde el mundo que los rodea. En las historietas encuentran un placer tal –no sólo sexual, cabe aclarar, aunque también lo encuentran- que no les es necesario salir a buscarlo en ese mundo hostil que es la sociedad. La emoción, la felicidad, el placer en todas sus formas puede ser absorbido mediante la lectura de cómics, ¿para qué arriesgarse a sufrir en el mundo real? Ante la alienación que le propone la sociedad, la mejor solución que encuentra el comiquero es autoalienarse en su arte y sus pares, convirtiendo en realidad la acusación de vivir en una nube de pedos, de que le importa más ese universo de fantasía que la realidad, con las consabidas consecuencias que esto acarrea: problemas con la autoridad en lo laboral, dificultad para relacionarse con los otros en lo afectivo, deficiencias a la hora de medir consecuencias (hasta la irresponsabilidad en algunos casos), autorepresión, y un etcétera que no quiero desarrollar para que no parezca que estamos tratando con enfermos mentales peligrosos... bueno... Dejémoslo ahí, no entremos en detalles...

No quería aburrirlos con pseudo-psico–perorata, pero espero les sirva para verse y ver a los otros comiqueros desde otra óptica... y quizás nos sirva para tratar de entender a Marcos, y su extraña desaparición. Cuando su mundo de fantasía se derrumbó bajo el peso de la realidad, sin comiquerías ni novedades, tambaleó su base de conocimiento, se rompieron las trincheras, se le acabaron los puntos de encuentro y charlas exorcizantes. Ahí dejó de recibir placer constante de las historietas y tuvo que enfrentar el mundo real. Ese fue el golpe, ahí empezó su caída y no se descubrió así mismo en esa posición hasta casi un año después. Tal vez el ver que ustedes no respondían a su necesidad de charlar lo hizo salir a buscar una forma de explotar diferente. No lo sé. Lo único que sé es que está bien. Me mandó un mail que dice así:
" Doc: Escuché sus mensajes en Comiqueando por la Radio. No voy a volver al trabajo. No se preocupe. Dentro de poco le voy a contar todo. Ya falta poco.
Salu-2, Marcos"

¿Sigue en un mundo de fantasía? ¿De qué habla ahora este pibe? No parece estar pasándola mal. Nosotros preocupados y él.... vaya uno a saber qué está haciendo. Bueno, yo ya no soy su psicólogo. Ya no soy psicólogo de ningún comiquero. Puedo dejar los cómics para siempre. Puedo volver a mi nombre verdadero, a mis otras actividades, puedo... No, la verdad que no. Se lo tengo que confesar a mi psicólogo. SOY UN COMIQUERO. Ay... Chau, suerte...

Doc Samson

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