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Hola. Yo no soy Marcos Viñeta. Me llaman
el Dr. Samson y nuevamente me atrevo a
ocupar el espacio de mi ex-paciente para ponerme
en contacto con este sub-mundo de los fanáticos
de las historietas y tenerlos al tanto de las
pocas noticias que tengo de este muchacho.
De todo tengo poco, parece. Pocos mails llegaron
a mi casilla pidiendo consejos, o contando problemas
al consultorio electrónico que inicié
el mes pasado. Debo comprender que el ver sus
dramas internos publicados en un página
web, no es el sueño de ningún paciente,
pero pensé que se coparían un poco
más. Los muchachos del foro no dejan de
cascotearme como si yo hubiese raptado a Marcos
para quedarme con este espacio, y nada más
alejado de mi. "Que vuelva Marcos, que
vuelva Marcos", lloran los salames como
si fuese tan fácil, como si el WebMaster
y yo estuviésemos boludeando al respecto.
Esto es serio. "Que vuelva Marcos, que
vuelva ya" pueden cantar con esa tonadita
preelectoral que me eriza los pelos de la nuca,
de sólo pensar lo cerca que estuvimos de
caer de nuevo en aquellas garras...
Pero volviendo al tema "problemas psicológicos
de los comiqueros", creo que después
de un año de tratar a Marcos, de enterarme
de sus actividades y las de sus amigos, de haber
recorrido y escuchado conversaciones en-
comiquerías, creo que estoy en condiciones
de hacer un TOP FIVE de los problemas más
recurrentes en el mundillo de los comiqueros.
5) Empecemos por una paranoia absolutamente
justificada- producto de una doble discriminación.
Por un lado, sus iguales (compañeros, parientes,
etc.) los marginan, los burlan y a veces hasta
los aíslan, por infantiles. La asociación
de historieta-boludez infantil es muy fuerte,
y es muy difícil de sacudirse. Muchísimos
comiqueros, sometidos a las presiones de su ambientes
suelen vender todas sus preciadas revistas en
cuanto entran en la edad del combate de los sexos.
Es decir, lo que veíamos en un mail del
mes pasado, al comiquero le presentan la falsa
opción de a) leer revistitas para
nenes o bien b) levantarte minas. La cantidad
de proto-comiqueros que se pierden en esta etapa
resulta un número alarmante. Si se pudiese
de alguna manera evitar esta disyuntiva errónea,
el número de adultos amantes de la historieta
sería exponencialmente mayor. La otra cara
de la discriminación es más sutil
pero más poderosa: el cómic NO
es un arte, le espetan en la cara al historietómano
los fanáticos de las otras artes. Una vez
pasado el trauma adolescente, el propio Arte,
disfrazado de Cultura, ataca al cómic,
segregándolo, rebajándolo. Se puede
ser fanático de la opera y está
todo bien, se puede ser fanático del cine
iraní y sos re-culto, podés ser
fanático de Charles Bukowski y sos
un intelectual del carajo, pero lees Bone
o Mort Cinder y sus un bastardo del dibujo
y la literatura, que compra revistitas en el kiosco.
Una supuesta falta de profundidad, esa imagen
de simplicidad "porque es para chicos",
los colores, un montón de factores inciden
para que las Grandes Artes ataquen al Cómic
y así releguen a los comiqueros a un plano
de "coleccionistas", "enfermitos",
"hobbistas", etcétera,
lejos del "puesto" de "conocedor
de un Arte". Y que me disculpen los artistas
con mayúsculas, pero entre un adefesio
de Marta Minujín y Sandman:
Estación de Nieblas, no dudo ni
un segundo cuál de los dos representa mejor
el concepto de Cultura y Arte. Pero es así,
al comiquero se la mandan a guardar. El Cómic
es un arte menor, sentenciaron los críticos,
los medios y "las personas cultas".
Entonces, retomo el principio de esta idea, esa
doble discriminación, hace que el comiquero
se vea cercado, incomprendido, rechazado. Su fanatismo
está mal. Es aceptable matar por la camiseta
de Boca, pero está MAL leer Savage
Dragon en el colectivo. La sociedad genera
un modelo del comiquero nerdo infantil, y para
zafar de ese molde, los comiqueros deben andar
casi escondidos, "ocultando su vicio".
Esto le genera una paranoia, un qué dirán,
una alienación, que genera en el comiquero
ese doble juego de querer ser aceptado por la
sociedad, para poder dejar salir sus gustos artísticos,
pero no quiere ser reprendido por ella, por sus
"pecados" de arte infantil y
bastardo. Ahí vienen los ocultamientos,
como Marcos con sus novias, la negación,
como ese que dice abandonar los cómics
y no puede dejar de parar en cada kiosco a pispear
las esquina de las historietas, aunque sea un
tomito de Columba de hace ocho años
perdido y arruinado. Se quiebra su relacionarse
con el mundo; ya no puede ser él abiertamente.
O es "el boludito que lee cómics"
o es "no, esta revista no es para mí,
es para mi hermanito".
4) Otro problema del comiquero promedio,
se da por ese miedo a la sociedad represora. Como
solución, el comiquero se encierra y se
atrinchera. Clava su bandera en su territorio
y se planta: "AGUANTELCOMIC NOMEIMPORTANADALOQUEPIENSEN
YOSIGOAFULL." Y ahí, el tipo abandona
todo lo que le pueda sacudir su mundo comiqueril.
Ante cualquier ataque exterior, levanta más
y más sus muros defensivos, cercándose
dentro de este arte y sus cercanías. Se
niega a nuevas cosas- a veces, inclusive dentro
del cómic, no se anima a pasar de los superhéroes
al cómic adulto, o del manga al cómic
europeo, por ejemplo- por temor a que esos ataques
del exterior sean también plausibles desde
fuera de su "rancho", de su zona
de conocimiento. "No me vengan con cosas
raras. Yo soy comiquero" y el tipo se
plantó. Si la sociedad me aliena, a la
mierda la sociedad. Ahí el paciente está
perdido. Su único alimento es el cómic
y sólo puede hablar de eso (también
vimos este caso en un mail de la columna del mes
pasado).
3) El comiquero tiene una gran necesidad
de compartir información, de integrarse
a algo, de team-upear, se podría
decir. Aislado de la sociedad que lo rechaza,
pero sabiéndose poseedor de conocimientos
artísticos superiores, la necesidad de
comunicación es enorme. Sólo con
otro comiquero, estos personajes se sienten cómodos,
libres de hablar de la boludeces más grandes
como si fuesen las claves del universo. Pueden
desarrollar teorías, desenmascarar conspiraciones
de esos mundos de papel, aventurar sucesos y cualquier
cosa de este Arte. Pueden pasarse horas discutiendo
sobre la habilidad de ciertos artistas, de combinaciones
entre artistas, entre artistas y personajes, entre
artistas y una variada gama de posibles subtemas,
inagotables como el género mismo. El comiquero
suele hacer amistad rápidamente con su
par, por esta necesidad de hablar de igual a igual,
sabiendo que el otro no está pensando "mirá
las boludeces que está diciendo",
sino todo lo contrario. Si la sociedad cultural
lo aísla, una reunión de comiqueros
es la perfección. Ahí está
contenido y a la vez a sus anchas. Para un comiquero
es fundamental tener amigos comiqueros con los
cuales hablar de los temas que no puede hablar
con nadie más, ellos se convierten en su
válvula de escape, para sacar esa presión
acumulada, de toneladas de represión que
se debe tragar para no expresar ante cualquiera
"Viste qué groso el crossover de
la Liga y la Society?".
Al no tener esta vía de escape, algunos
van a charlar con cualquiera a las comiquerías,
otros al instituto neuropsiquiátrico de
su zona.
2) A la vez que necesita un entorno de
pares, necesita una victoria, alguna vez. Ante
la constante derrota que significa el estar aplastado
por la sociedad, el verse comparado con primitos
de seis años, o el soportar el viejo chiste
de que Batman y Robin son gays, el comiquero
tiene la necesidad de alguna vez ganar en algo.
Una vez aceptado por su grupo de contención,
el personaje debe competir. Quién tiene
más cómics, quién sabe más
de tal autor, lo que sea. Es una necesidad inherente
al comiquero el medirse la pija con el otro. Y
mucho más si tienen pretensiones de artistas,
en donde el ego es generalmente, como dijo Marcos,
mayor que el talento. Competir, tratar de ganar
como los personajes de una historieta, redimirse
de ser un eterno looser. El comiquero sabe de
lo que habla y lo tratará de demostrar
siempre. Por eso, tal vez ese rencorcito hacia
Marcos, porque él desde el llano llegó
a un lugar de privilegio entre los comiqueros.
Para algunos, él compitió y ganó,
por eso ese espaldarazo de no hacerse cargo de
que existe, esa frialdad con la que respondían
a sus consignas, a sus historias, a sus ocurrencias,
o a sus delirios. Marcos sabe algo que muchos
no y algunos de estos comiqueros no se lo bancan.
El comiquero es competitivo por naturaleza, pero
solo entre sus pares, y es como su necesidad
de protegerse o de comunicarse con su especie-
algo que lo aleja de la sociedad, porque en esa
competencia, él ya le ganó a todo
el resto. "Esos giles no saben que Jean
Grey va a volver como Fénix
y yo sí".
1) Y como si todos estos problemas fueran
poco, el más importante es que ese quiebre
con la sociedad, esa indispensable participación
en charlas de mundos y seres imaginarios como
si fuesen la más absoluta verdad y de la
importancia más vital, ese atrincheramiento
en su mundo y su saber, generan en el comiquero
una sensación de desligue con la realidad,
potenciada por una satisfacción propiciada
por la fantasía contra un desprecio que
sienten desde el mundo que los rodea. En las historietas
encuentran un placer tal no sólo
sexual, cabe aclarar, aunque también lo
encuentran- que no les es necesario salir a buscarlo
en ese mundo hostil que es la sociedad. La emoción,
la felicidad, el placer en todas sus formas puede
ser absorbido mediante la lectura de cómics,
¿para qué arriesgarse a sufrir en
el mundo real? Ante la alienación que le
propone la sociedad, la mejor solución
que encuentra el comiquero es autoalienarse en
su arte y sus pares, convirtiendo en realidad
la acusación de vivir en una nube de pedos,
de que le importa más ese universo de fantasía
que la realidad, con las consabidas consecuencias
que esto acarrea: problemas con la autoridad en
lo laboral, dificultad para relacionarse con los
otros en lo afectivo, deficiencias a la hora de
medir consecuencias (hasta la irresponsabilidad
en algunos casos), autorepresión, y un
etcétera que no quiero desarrollar para
que no parezca que estamos tratando con enfermos
mentales peligrosos... bueno... Dejémoslo
ahí, no entremos en detalles...
No quería aburrirlos con pseudo-psicoperorata,
pero espero les sirva para verse y ver a los otros
comiqueros desde otra óptica... y quizás
nos sirva para tratar de entender a Marcos, y
su extraña desaparición. Cuando
su mundo de fantasía se derrumbó
bajo el peso de la realidad, sin comiquerías
ni novedades, tambaleó su base de conocimiento,
se rompieron las trincheras, se le acabaron los
puntos de encuentro y charlas exorcizantes. Ahí
dejó de recibir placer constante de las
historietas y tuvo que enfrentar el mundo real.
Ese fue el golpe, ahí empezó su
caída y no se descubrió así
mismo en esa posición hasta casi un año
después. Tal vez el ver que ustedes no
respondían a su necesidad de charlar lo
hizo salir a buscar una forma de explotar diferente.
No lo sé. Lo único que sé
es que está bien. Me mandó un mail
que dice así:
" Doc: Escuché sus mensajes
en Comiqueando por la Radio. No voy a volver al
trabajo. No se preocupe. Dentro de poco le voy
a contar todo. Ya falta poco.
Salu-2, Marcos"
¿Sigue en un mundo de fantasía?
¿De qué habla ahora este pibe? No
parece estar pasándola mal. Nosotros preocupados
y él.... vaya uno a saber qué está
haciendo. Bueno, yo ya no soy su psicólogo.
Ya no soy psicólogo de ningún comiquero.
Puedo dejar los cómics para siempre. Puedo
volver a mi nombre verdadero, a mis otras actividades,
puedo... No, la verdad que no. Se lo tengo que
confesar a mi psicólogo. SOY UN COMIQUERO.
Ay... Chau, suerte...
Doc Samson
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